¿Diálogo? ¿Pistoletazo? ¡Pueblo!

Colaboración de Ricardo E. Trelles

julio/92, agosto/94

Obtener documento – Download document


Es joven nuestra nación cubana. Como joven, evoluciona en ciclos aplicando su energía y creencias para luego estudiar resultados que seguramente modifican tanto energía como creencias. Tratándose de una asociación humana, la energía proviene mayormente de sus miembros jóvenes, las creencias resultan de las experiencias de los viejos reflejadas en los primeros y los cambios pueden tomar decenas y cientos de años e involucrar muchas generaciones.

El individuo puede vivir la pequeña porción que le corresponde de ese proceso evolutivo social, en energía, experiencia y tiempo, de forma totalmente espontánea, hasta sin advertir que en él participa. O puede sobreponérsele, estudiarlo, tratar de entenderlo y modificarlo. Lo que han estado diciendo los marxistas por cien años, pero con una gran diferencia: la evolución social consciente debe y tiene que ser consecuencia de la evolución inteligente y voluntaria de sus individuos, y no una imposición a fuerza de demagogia y represión de una "vanguardia de la sociedad".

Pueblo socialmente consciente es el que tiene una porción sustancial y creciente de él convencida de que hay un portento de riqueza material e intelectual latente en cada individuo, que es imprescindible y posible desarrollar, proteger y disfrutar; y convencida de que al ver claro cómo debe conducirse su nación tiene ilimitada influencia social.

Tengamos ese pueblo y lo tendremos todo.

Cuando un concepto social tiene pueblo el concepto y su pueblo crecen, actúan eficazmente y triunfan. Rápido, bien y permanentemente. Cada individuo, en la medida que tiene claros su valor y sus objetivos sociales, sabe qué hacer cuando lo convocan a un mitin político demagógico o a una farsa electoral. Sabe qué hacer al ver alienada su capacidad productiva, al no poder comunicar ideas para beneficio de los comunicantes, o al no poder educar a sus hijos para que sean mejores y más felices que él. Ese individuo sabe qué hacer en cada momento cuando es reprimido por no someterse; y difícilmente emprende riesgosas acciones buscando su sola liberación personal. Ese individuo es, para completar, un poderoso difusor de sus ideas sociales.

Además, sólo un pueblo socialmente consciente puede enfrentar con éxito la tarea de desarrollarse, con verdadero progreso para todos, en medio de la feroz competencia tecnológica y comercial internacional en que vivimos.

¿Qué hacer para tener pueblo? En principio, es sencillo. Es sólo la interacción de tres aspectos: acción, mensaje y comunicación. Mensaje correcto y comunicación franca, abierta y bidireccional. Acción que demuestre el mensaje que se trata de comunicar.

¿De qué ideas debían nutrirse la acción y el mensaje? La primera, la que lo genera todo, es que, como seres humanos que somos, podemos crecer intelectual y materialmente, personal y colectivamente, limitados sólo por nuestra imaginación ¡que también crecería!. Lo que no es una simple frase bonita, sino la bonita realidad. La segunda idea es que necesitamos y podemos reconocer y poner bajo nuestro control nuestra evolución personal y social. La tercera es que cada persona, su desarrollo y sus opiniones, son importantes. Para poder progresar, decidir y actuar verdaderamente, tenemos que progresar, decidir y actuar todos.

Las técnicas modernas de comunicación pueden ser poderosos instrumentos para aprender todos de todos y unir esfuerzos, en pro de una Nueva Cuba. Así como medios tan antiguos como el correo pueden ser también muy útiles. Soy un atento oyente de las transmisiones radiales hacia Cuba. Casi todas muestran las mejores intenciones al ayudar a sacudirnos del aparato opresivo que se nos ha impuesto en la Isla. Unas breves palabras de sugerencias para los productores de esas transmisiones que las deseen: Nútranse de una ideología sustanciosa; motiven más con objetivos que con repudios; promuevan futuro y no pasado; estimulen a dialogar respetuosamente a quienes difieran; demuestren de forma práctica al hombre sencillo qué le brindaría una sociedad justa, humana y libre. Usen la primera regla del proselitismo: motiven sistemáticamente a los oyentes a conseguir más oyentes (básicamente, a que enseñen a otros a sintonizar las transmisiones).

Tratar de usar medios violentos para derribar el régimen en la Isla parece irrealizable y hasta contraproducente. Además de que alimenta esa desastroza tradición nuestra, que debíamos acabar de superar, de someternos unos a otros por la fuerza cuando no tenemos o no sabemos usar la razón. Tratar de regenerar ese régimen, de esencia totalitaria y gansteril, es, por otro lado, ingenuo y alienta el oportunismo.

Sólo ganando la confianza y la consciencia del pueblo cubano por una Nueva Cuba, en la Isla y en el exilio detendremos el proceso de descomposición y caos a que hemos llegado y, tan o más importante, podremos sacar a Cuba adelante.

Tengamos pueblo y pulverizaremos toda ilusión de permanencia de los sostenedores activos del régimen. Tengamos pueblo y forzaremos a éste a negociar, rápido y bajo condiciones sustanciales y perdurables. Tengamos pueblo y la acción libertadora violenta –si es necesaria, toda la necesaria y sólo la necesaria– no se hará esperar.


Página principal MHECnet.org