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Humanismo es la filosofía práctica que surge de las realidades
de la vida (ver la presentación
HUMANISMO: Por qué, qué y para qué, en 856 palabras
). En él se demuestra que tenemos sobradas capacidades y
recursos para ser inmensa y crecientemente felices, de forma sana y
perdurable. Así como se demuestra el concepto fundamental de que la
existencia humana es una empresa de todos, por todos y para todos.
Quienes vamos
comprendiendo el humanismo tenemos el deber (y el gusto y la conveniencia)
de difundirlo y de ponerlo a trabajar para bien de todos. Por ello se
propone el presente programa de acción. La
evolución es la forma de cambio de la existencia
humana, pasada, presente y futura; lo que naturalmente se extiende a la
sociedad. Por lo que este programa se orienta a actuar sobre la
evolución del hombre y sus sociedades --sobre nosotros y nuestras
sociedades--, de forma natural, inteligente y efectiva, de forma humanista.
A quienes
están abrumados por las frustraciones y las injusticias, propias o
ajenas, que han derivado en resentimientos, debemos decirles que la
acción humanista inteligente no será nunca de enfrentamientos,
y mucho menos de violencia. El odio es un sentimiento animal primario, que
daña e inutiliza, más que al odiado, al odiador; debe ser
controlado racionalmente y, finalmente, eliminado o minimizado. Para lo cual
la comprensión de los conceptos humanistas es el recurso definitivo.
La acción
humanista trabaja ante todo en el mejoramiento del individuo, pero
también incluye la acción social inmediata. La acciones
sociales, cívicas y políticas inteligentes y civilizadas,
firmes y resueltas, pero cargadas de confianza en el ser humano, amor al
prójimo y honestidad, pueden mover montañas.
Este programa
tiene tres líneas básicas, que son la difusión de los
conceptos humanistas, el trabajo para mejorar y expandir la educación
y el desarrollo de la cooperación entre las personas. Estas
líneas se nutren entre si y generan recursos humanos y materiales
para el resto de la actividad humanista; porque hacen entender a un
número creciente de personas el sentido y los beneficios
prácticos del humanismo, lo que los hace progresar en todos los
sentidos y gana su disposición a contribuir a él. Estas tres
líneas son las primeras y las que siempre habrá que mantener
en la mayor actividad posible. De hecho, si nos limitáramos a ellas
ya obtendríamos resultados impresionantes. Pero no hay por qué
limitarse; siempre que sea posible, debemos enfrascarnos en otras esferas de
actividad.
Cada una de las
líneas de acción del programa se refiere a temas extensos y
complejos que no pueden ser tratados sino muy limitadamente en esta
declaración. Lo que se pretende aquí es establecer el enfoque
de cada tema, con mención de algunas actividades típicas
prácticas que podrían ser emprendidas. En el futuro
serán publicados artículos de ampliación sobre estas y
otras líneas, que incluirán ideas de los que ya han tenido
experiencias en estos trabajos.
Descubrirle
conceptos claros, sólidos y realistas sobre la vida, como los
humanistas, a un ser humano, produce resultados inconmensurables. Porque
cada individuo tiene la capacidad de generar decisiones y acciones a partir
de esos conceptos, además de enriquecerlos. Luego se establecen
ciclos que generan progresos para todos, en la conducta, el bienestar
material y el acervo intelectual.
Cada persona que
ha comprendido el humansimo lo refleja en sus vidas personal y profesional,
y éstas se benefician. Con lo que se consigue que el periodismo sea
progresivamente más humanista; que lo sea la
medicina, la enseñanza, el comercio, la política.
Recíprocamente, la difusión del humanismo irá contando
con creciente asistencia profesional de todos los géneros.
Una buena forma de
comenzar es difundir la presentación escrita de humanismo referida al
principio de este programa. Ese material está diponible dispuesto
para que ocupe sólo media hoja regular de papel. Ese tamaño se
presta para imprimir tarjetas duraderas fáciles de enviar o
distribuír, lo que debe hacerse ante todo a maestros y otras personas
influyentes. (MHEC se ofrece, hasta donde pueda, para preparar originales de
imprenta con las señas de uno u otro grupo local humanista.)
Los maestros,
además de su labor regular de importancia fundamental para el
humanismo, pueden realizar una difusión de éste que
sería trascendental a mediado y largo plazos. Los maestros,
profesores, etc. son los humanistas más importantes. No
debíamos descansar hasta que cada maestro en el
planeta haya recibido, al menos, la tarjeta con la
presentación de humanismo. Basta imaginar los resultados que
obtendremos cuando muchos maestros dediquen un tiempo cada semana a
discutir y profundizar con sus alumnos sobre un párrafo distinto de
esa presentación.
Un gran difusor
del humanismo y sus efectos constructivos en una comunidad es el
boletín humanista. Con él se mantiene contacto con un grupo
creciente de personas y familias, de semanal a mensualmente (¡hasta que
llegue el día en que predominará la orientación
humanista en los diarios!). Estos boletines debían ser
vehículos prácticos para ayudar e informar al lector, sin
sermones ni prédicas, que el humanismo no requiere. Debían
facilitar la publicación de reclamos personales y comerciales,
promover el uso inteligente de recursos, etc. Los boletines podrían
relacionarse nacional e intenacionalmente para intercambiar materiales.
Existe un diseño muy práctico de boletín, que
aún despues de doblado para enviar por correo permite leer la
presentación de humanismo en su cubierta. MHEC puede suministrar este
diseño a quien lo solicite.
Cada niño
que nos nace es un devorador de conocimientos y una mina de habilidades por
desarrollar (y lo sigue siendo el resto de su vida, por cierto). Tenemos que
educar e instruír a todos, hacerlo bien y siempre mejorando. Parte de
nuestra misión como humanistas debía ser buscar siempre
qué más podemos hacer para mejorar la educación y la
instrucción. Y hacerlo.
La
educación-instrucción requiere muchos recursos; pero el
recurso que decide todo aquí es el maestro, profesor o instructor.
Podemos concentrar nuestros esfuerzos en la ayuda a la cualificación
(y a su bienestar personal también, por qué no) de los
docentes con quienes podamos establecer relación.
Una muy efectiva
forma de ayudar a los maestros es facilitarles el acceso a literatura
de la más excelsa calidad, relacionada con sus
cursos. Sobre cada tema y nivel de enseñanza existen en el mundo los
dos o tres textos mejores, escritos seguramente por los correspondientes
mejores maestros del tema. Por mejor entendemos más efectivo,
más sustancioso, mejor dirigido a desarrollar las capacidades de los
alumnos (con aquello de dar la primera lección pensando en la
última); lo que no necesariamente requiere espectacularidad en la
presentación ni en la publicación. Los humanistas
debíamos utilizar nuestra red mundial para proponernos textos de
instrucción considerados excelsos en los lugares respectivos, para
luego arreglar reimpresiones, traducciones, etcétera. Tenemos que
multiplicar la acción de cada eminencia de la enseñanza,
mediante la difusión mundial de sus libros.
Hay dos tendencias
típicas frente a la realidad de que todos necesitamos de todos. O
damos lo mínimo tratando de sacar lo máximo de los
demás (mientras luchamos contra cada uno de los demás, que
trata de hacernos lo mismo), o damos lo máximo que somos capaces de
dar, a cambio de lo mínimo que sea posible y razonable. Aunque con la
segunda actitud siempre habrá quienes insistirán en tratarnos
mal, seguro éstos tenderían a disminuir en número y/o
agresividad. A la inversa que con la primera.
Es innecesario
enumerar las grandes ventajas de la segunda actitud; lo que hay que
preguntarse es: ¿cómo se hace para promoverla? Progresivamente.
Un poco menos de egoísmo y más de cordialidad de un lado lleva
a un cambio similar del otro lado, luego a la recíproca, y no tiene fin.
Porque es que cooperar con el prójimo no sólo nos conviene
crecientemente, sino que nos da gusto crecientemente también.
Una gran idea es
la de establecer medios de "publicidad cooperativa", donde todo el que
esté dipuesto a demostrar que ofrece mejor trato comercial o
profesional que lo usual en la jungla del mercado pueda publicitarse con
facilidad y bajo costo. Esto lo puede hacer muy bien el boletín local
humanista. Ni qué decir del interés de todo el mundo por estos
reclamos (y, de paso, por el boletín), ni de los beneficios para los
empresarios, sobre todo para los que están estableciéndose. Ni
de los ahorros en recursos de comunicación, usual y
estúpidamente despilfarrados. Gracias a la publicidad cooperativa
humanista.
Dos áreas
de gran trascendencia para aplicar el concepto cooperativo son la banca-
finanzas y los seguros. Debemos localizar, estimular y respaldar a
profesionales experimentados en estas áreas, que además hayan
comprendido el humanismo, por lo que se dispondrían a ganar un poco
menos de dinero (no mucho menos) a cambio de provocar un impacto social
positivo importante con empresas bancarias y de seguros con poco o
ningún fin de lucro.
Claro que los
beneficios de la cooperación humana no se obtienen sólo en las
relaciones comerciales o profesionales, sino también en las
vecinales, laborales, familiares, etc. Relaciones éstas que
resultarán beneficiadas por casi todas las actividades de este
programa.
Los círculos
humanistas, con este u otro nombre, son agrupaciones de vecinos y/o amigos,
para conocerse, ayudarse, aprender y disfrutar de la compañia, unos
de otros; organizados con una directiva democrática. Estos
círculos pueden invitar periódicamente a sus miembros a
reunirse para, por ejemplo:
-- Discutir e intercambiar experiencias sobre temas importantes o de
actualidad. Los que por supuesto incluyen el enfoque humanista de la
vida. Un coordinador planea y dirige estos debates. Se trata de llegar,
o aproximarse, a conclusiones prácticas sobre los temas tratados.
-- Acordar acciones comunes, para beneficio colectivo, de
algún miembro, la ciudad, la nación, etc.
-- Presentar los recién nacidos, nuevos miembros, promociones
importantes escolares o profesionales, nuevos servicios o productos
ofrecidos por miembros o entidades comerciales (que, por supuesto,
prometen dar trato cooperativo). Dar reconocimiento a recién
fallecidos.
-- Celebrar uniones en matrimonio. Esta ceremonias podrían
estar presididas por los dos o tres matrimonios más viejos del
círculo, que luego de interrogar, en broma y en serio, a las
parejas, "aprueban" su unión. La celebración podría
comenzar con la presentación de nuevas parejas que quieren
anunciar que son novios, y que también podrían ser
sometidas a preguntas aleccionadoras y divertidas por los matrimonios
viejos. Estas celebraciones sirven también para que todos se
estimulen a hacer cuanto puedan para ayudar a las parejas a que se
desenvuelvan bien.
-- Otras celebraciones y actividades, incluyendo cumpleaños,
presentaciones de los talentos artísticos de miembros y amigos,
actuaciones profesionales, bailes, conferencias, etc.
-- Actividades propias de las secciones juveniles e infantiles del
círculo, como desarrollo de talento, instrucción
técnica, deportes, etc.
Los círculos
humanistas son muy apropiados para promover el resto de las actividades
humanistas, como el boletín local humanista (seguramente publicado por
uno o más círculos en común) y las actividades
políticas y sociales humanistas. Pueden ser las células
básicas, que al coordinarse forman las estructuras regionales y
nacionales humanistas.
Para aquellos con
el don de organizar y coordinar a la gente, libres de intenciones de
subordinar ni de manipular, la creación de su círculo
humanista local puede convertirse en la obra de su vida.
Como creemos que el
ser humano puede organizarse en sociedad de forma democrática y
civilizada, debemos aceptar el reto de participar con la mayor intensidad en
la promoción de gobernantes que demuestren que han comprendido, y
pongan en práctica, los conceptos humanistas. Los humanistas tenemos
convicciones que pueden sobreponerse a los mayores intereses y estamos
dispuestos a estudiar con madurez la realidad social, como para echar
adelante un movimiento político de honestidad y efectividad
desconocidas. La gran diferencia de la actividad política humanista
es que no es un fin en sí, sino un medio correcto para influir
decisivamente en la conducción de la sociedad para bien de todos.
La base y la
fuerza de la acción política humanista es la grande y siempre
creciente participación popular en el resto de las actividades
humanistas. El humanismo puede mover políticamente sin propaganda ni
manipulaciones, sólo con razones y motivaciones cristalinas. Lo que
de paso es un ahorro de recursos de comunicación, usualmente
malgastados.
Hay que trabajar
en la formación de candidatos de plena identificación
humanista y comenzar a participar en cuanto sea posible como partídos
políticos, con una plataforma permanente de largo alcance.
Simultáneamente se puede pensar en objetivos específicos y
realizables, que pudieran conseguirse a corto plazo mediante candidatos
existentes, a cambio del voto humanista.
Los objetivos a
obtener con candidatos no humanistas deben ser verdaderos peldaños
permanentes en el plan general de mejoramiento social humanista, y no
"logros" transitorios, compensadores de problemas. (En general, cuando se
compensa un problema con un "contraproblema" se aumentan las tensiones y, en
el mejor de los casos, se perpetúa el problema original). Los
candidatos no humanistas deben tener una actitud general aceptable, para que
no participemos de descalabros a cambio de migajas.
Aún cuando
no existan opciones que valgan la pena (lo que, desafortunadamente, sucede a
menudo), es de primera importancia que los amigos de la actividad
humanista participen masivamente en las votaciones. En las boletas
con casillas para "ninguno de los anteriores" (opción esta que
debíamos exigir que exista siempre), tal casilla sería la
opción apropiada humanista, ya que ningún candidato es
suficientemente bueno. Si no existe la casilla, habría que marcar
todos los candidatos o anular las opciones de alguna otra forma. La idea es
que quede registrado que hay una cantidad grande y creciente de ciudadanos
serios que no aprueban a ninguno de los candidatos y por tanto no aprueban
al que resulte electo. La opción de votar por "el menos malo"
debe ser excluída en la concepción humanista.
Nosotros sabemos que no tenemos que contentarnos con pasarla lo menos mal
que se pueda, sino que podemos movernos, y estamos moviéndonos, hacia
la solución verdadera progresiva de los problemas.
Nunca
cabría en la mente de un verdadero humanista, claro está,
imponerle a otro como tiene que votar. Lo que hacemos es
razonar e intercambiar ideas sobre qué es lo más efectivo e
inteligente para promover el progreso que queremos. La decisión final
en esto, como en todo, es asunto del individuo.
Finalmente, un
aspecto que puede ser crucial. La actitud y las motivaciones humanistas
pueden producir fuerzas sociales inconmensurables, que llegarán a ser
decisivas en la actividad política. Es imprescindible tener
mecanismos que hagan extremadamente difícil la utilización
para fínes espúreos la confianza popular en la actitud
humanista. Y que si tal acción llegara a ocurrir, pudiese ser
detectada y saneada a la mayor brevedad. Los humanistas tenemos el tesoro de
nuestra actitud y objetivos impecables, que es primordial proteger.
¿Puede
seguirse los métodos de cordialidad y racionalidad humanistas en la
"lucha obrera"? Bueno, ¿no es acaso una empresa con asalariados una
institución humana, en el sentido de que está
constituída por humanos y que su funcionamiento es importante para el
bienestar de los directamente involucrados en ella, sus familiares y el
resto de la sociedad?
Que demasiadas
veces esas empresas tengan prácticas explotadoras para su personal y
manipuladoras para sus usuarios, sólo significa que hay que trabajar
para corregirlas. Lo que, sin duda, es posible.
Una empresa
industrial, comercial o de servicios es una asociación humana para
producir riquezas. Es nuestra forma natural e imprescindible de multiplicar
nuestras capacidades para proveernos de los bienes y servicios que
requerimos o deseamos. Estas empresas pueden y tienen que ser una
oportunidad más para disfrutar de la cooperación y la
compañía del prójimo, y para progresar material e
intelectualmente todos. No debemos dejarnos arrastrar por
las malas experiencias y la acción de los manipuladores, que tratan
de hacernos ver esas empresas como "males necesarios". Conocemos el
razonamiento de que la explotación inevitable se puede hacer
más tolerable para el obrero si se saca al
empresario algo extra, como alguna asistencia médica o la
construcción de un gimnasio o una escuela (que el empresario concede
sólo si puede cargarlo a sus consumidores, reducirlo de impuestos,
etc.). Conocemos los reclamos ingenuos y antinaturales de que "la riqueza
hay que repartirla mejor".
La riqueza,
si es legítima, es de sus dueños, y nadie
debía crear (y aprovechar) ilusiones de que hay derecho a
"repartirla".
Los humanistas
debemos trabajar para hacer entender tanto a empresarios como a asalariados
que sus empresas son de interés común para ellos. Hay que
demostrarles las ventajas del sentido de la cooperación cordial en
éstas, como en toda, asociación humana. Los obreros deben ser
justamente compensados en proporción al trabajo que hacen y parte de
su retribución podría ser dirigida a inversiones de
expansión de las empresas, convirtiéndolos en accionistas. Los
fondos de retiro deben tener prioridad en las inversiones más
lucrativas del sistema finaciero del país. Los despidos deben estar
aprobados por tribunales laborales. Mientras que los obreros deben estar
dispuestos a colaborar con esfuerzo y restricciones a sus haberes en los
momentos difíciles de sus empresas. Estas, como otras mejoras, son
también para beneficio del empresario, porque mejoran la calidad de
vida y el poder adquisitivo en la sociedad donde él, su negocio y su
familia de desenvuelven.
Los empresarios
irán asimilando el concepto de que el bienestar suyo y de su familia
será sano y perdurable sólo si está acompañado
del bienestar del resto de la sociedad. Que es absurdo tratar de compensar
los abusos y agresiones que reciben del resto de la sociedad (de otros
empresarios, instituciones e individuos) con abusos y agresiones, de mismo o
diferente tipo, de su parte. Irán viendo las ventajas inmensas de ver
a sus empleados como colaboradores para compartir éxitos y reveses,
en una empresa cuyo primer objetivo sea aprovechar el talento y
capacidades, propias y de los empleados, para bien proporcional de los
participantes y para bien del resto de la sociedad. Pensando
así, quedan desterrados los conceptos de que el empleado es otra
materia prima, desechable y reeplazable, de que la regla de oro de la
ganancia es dar lo menos que sea posible al mayor precio que el mercado
tolere, de que es buena idea enriquecerse mediante la produción
planeada de desperdicios, de que no importa que una operación cause
daños, a uno o a muchos, mientras sea "legal".
Los empresarios
son --que no se nos olvide-- también de los nuestros. Y son unos de
los miembros más valiosos de la sociedad. Los empresarios, como
todos, van comprendiendo el inmenso valor de los conceptos humanistas;
progresivamente adquieren, implementan y disfrutan de los beneficios de la
ética que emana del humanismo. Para muchos, la conversión es
un paso pequeño o, incluso, un paso ya dado.
Como conocemos la
capacidad humana para asociarse de forma altamente productiva e inteligente
para beneficio de todos, no nos limitamos a ver el
movimiento obrero-empresarial como el trabajo para resolver los problemas
entre obreros y empresarios. Nosotros sabemos que podemos lograr mucho
más, sabemos que podemos promover la empresa
humanista. Una empresa va siendo humanista en la medida que es
cooperativa (en el sentido de que progresivamente va dando lo máximo
que puede a cambio de lo mínimo que sea posible y razonable). Una
empresa es humanista en la medida que aprovecha inteligentemente los
recursos, de que crea bienes duraderos y de que busca soluciones eficientes
a problemas y necesidades reales e importantes.
Pero no podemos
limitarnos a emitir mensajes humanistas y sentarnos a esperar. Tenemos
extensos y alarmantes problemas, los que sería largo e innecesario
enumerar aquí. Necesitamos urgentemente empezar a ver resultados
(aunque buena parte de nuestro trabajo fructifica, por necesidad, a mediados
y largos plazos). He aquí algunas acciones inmediatas:
-- Siempre se ha visto (y usado) la dependencia de la empresa del
relativamente pequeño grupo de personas que son sus obreros. La
empesa depende mucho más del resto de la población en la
sociedad. Con una importante y creciente población asociada a la
actividad humanista, es posbile favorecer en el mercado a las empresas
que dan pasos humanistas, contra las que son lo opuesto. Aunque, como
siempre, estas acciones "de fuerza" humanistas tienen que estar
acompañadas de cordialidad y de la intención de corregir
más que de castigar. Porque es la forma correcta, la
más efectiva, para nuestros propósitos y para
minimizar las tensiones.
-- Se debe trabajar para tener sindicatos de sincera y creciente
orientación humanista. Si se dialoga con los empresarios con
posiciones firmes, pero al mismo tiempo cooperativas y realistas,
se obtiene resultados más rápidos, mejores y
más duraderos. En particular, el sindicato humanista
destierra la manipulación del obrero para crear tensiones --cuyo
alivio luego se cobra, para beneficio de quién sabe
quiénes--.
-- Con la incorporación de verdaderos expertos
económicos al movimiento humanista, se puede estudiar
reglamentaciones realistas de alto efecto para mejorar las relaciones
entre asalariados y empresarios, hacerlos más productivos,
distribuír sus ganacias en mejor proporción al
mérito por su creación, aprovechar mejor los recursos y
proveer mejor a sus consumidores. Toca luego a las organizaciones
humanista promover políticamente la implementación legal,
y acatamiento, de esas reglamentaciones.
Se ve de nuevo que
la línea de acción obrero-empresarial, como las otras
líneas de este programa, depende del avance de las restantes.
No podemos dejarnos
deslumbrar, y arrastrar, por la Internet y los platos dirigidos a
satélites en los traspatios. Esos sistemas son elitistas y
derrochadores de recursos.
Necesitamos romper
la dependencia del sistema publicitario para la financiación de los
medios de comunicación masiva. No tenemos que estar sometidos al
despilfarro de recursos en mensajes que requieren ser abrumadoramente
repetidos, porque 95% de ellos no son atendidos y porque no son confiables.
La palabra es dura, pero no hay otra: eso es estúpido.
Tenemos que negar
la inevitabilidad del actual sistema monopolístico --y por tanto de
tendencia explotadora-- de televisión por cable.
Tenemos que
facilitar y promover sistemas de comunicación masiva económicos
y efectivos, que hagan el mejor uso de la extraordinaria tecnología
existente y en desarrollo. No se trata, por supuesto, de prohibir a nadie que
use las formas tradicionales de comunicación con publicidad, ni de
bloquear la silvestre Intenet. Se trata de trabajar para promover alternativas
inteligentes con una sólida base económica.
La propuesta, en
esencia, es la siguiente: Debía ser interés y responsabilidad
de nuestros gobiernos locales --ciudad, municipio-- coordinar y facilitar la
existencia de una estructura de operación para medios de
comunicación masiva. Cada ciudad podría ir teniendo un centro
de difusión, capaz de captar de una amplia variedad de
satélites, de brindar medios para la producción local de
programas y de administrar su distribución a todos los usuarios del
área.
Los productores y
distribuidores pueden optar por cobrar subscripciones a sus canales, cuyos montos
serían mínimos por las facilidades y bajos costos operativos, que
favorecen la competencia. Entidades educativas y de todo tipo tendrían
facilidades económicas para distribuir programas sin costo al usuario. La
rama educativa del gobierno local podría y debía difundir una amplia
gama de canales educativos, para aprender oficios, ciencias básicas,
relaciones humanas, idiomas, etc., las 24 horas. Gracias a la tecnología
disponible, sería fácil que cada usuario tuviera una caja interceptora
para eliminar canales indeseados.
La o las
tecnologías de difusión deben ser estudiadas. Podrían
incluir la costosa y difícil de mantener red de cables, o una torre
central para radiodifusión de frecuencia alta, que sería un
punto único para los usuarios dirigir un pequeño plato (y ser
centro para la telefonía celular) o, quizás, un sistema
mediante satélite que pudiera ser equivalente a la torre a menos
costo. Los expertos en radiodifusión humanistas tienen una importante
tarea en definir nítidamente las mejores opciones y los mejores
suministradores de equipos disponibles.
El financiamiento de
este trascendental proyecto justifica un endeudamiento temporal para el gobierno
local, con tan vastos beneficios y tan claras posibilidades de autopago. La
administración del centro debía ser contratada a una
compañía privada por licitación.
Con las opciones
tecnológicas y financieras definidas, el o los grupos locales
humanistas tienen la tarea de promover la creación del centro. Con
él pueden los humanistas dotar a su comunidad de un medio
ultraeficiente para la educacion, la cultura y la información.
Nuestra
valoración plena del hombre, nuestra natural preocupación por
su bienestar y nuestro conocimiento de su interdependencia funcional,
histórica y afectiva con la naturaleza, son nuestros fundamentos para
la preocupación y acción ecológicas. La posición
predominante del hombre dentro de la naturaleza nos permite ver el resto de ella
como un tesoro que nos pertenece, que admiramos, disfrutamos y cuidamos,
pero sin olvidar nunca que nuestro principal interés es el hombre.
Si se inyecta la
filosofía humanista al activismo ecologista, éste pierde su
ocasional tendencia a enfrentar al hombre a la naturaleza --¡en favor de
esta última!--.
La
consideración ecológista más elemental es el ahorro de
los recursos. Son muchas las tendencias que nos arrastran, y hasta obligan a
veces, al despilfarro o al gasto innecesario. Los millones de toneladas de
impresos que se botan porque es imposible que alguien pudiera leerlos, los
superenvases que cuestan más que su contenido, los años de
transmisiones de radio y televisión que nadie atiende porque ni se
creen ni interesan, las viviendas de pacotilla que parecen simples marcas
para terrenos que suben artificialmente de precio, los medios de
transportacion y equipos hechos para "usar y botar", son ejemplos de ello. En
su corrección podemos y tenemos que trabajar los humanistas.
Otra importante
línea de acción que los humanistas pueden desarrollar para bien
de todos es la ayuda al individuo en su trato con el mercado de bienes y
servicios.
El mercado produce
uno de esos casos en que pertenecer al lado mayoritario tiene desventajas, si
este lado mayoritario no se prepara para interactuar con la otra parte. Lo
que puede ser de formas simples y prácticas. A los productores y
distribuidores de bienes y servicios les es fácil coodinar sus
acciones y emplear parte de sus ganacias para estudiar los fenómenos
del mercado. Así logran su objetivo típico primario: obtener la
mayor cantidad de ganancias a partir de los recursos de que disponen. Aun
cuando un gerente quiere dar trato más ventajoso, si este trato
implica la disminución de la ganancia potencial considerada "posible"
en el mercado, su implementación pondría en peligro hasta la
permanencia del primero.
Es una necesidad
(¡hasta posiblemente deseada por algunos productores y distribuidores!)
contrarrestar la influencia sobre el mercado que tiene la parte gerencial. Si
no se prepara, el usuario-consumidor no puede hacer uso de su poder
teórico al elegir qué compra o usa.
Entre nuestros
pasos inmediatos está educar al público para que haga que su
comportamiento al interaccionar con el mercado lo favorezca más como
grupo. Como la reacción apropiada ante cambios en el precio o calidad
de un producto y la devolución sistemática pero cortés de todo
lo que no es suficientemente bueno, entre muchísimos otros. Los
boletines locales humanistas pueden circular información útil
sobre productos y servicios disponibles, además de ser
vehículos para dar a conocer y apoyar a proveedores con trato
cooperativo. Podemos supervisar el trabajo de las agencias gubernamentales de
control del mercado público y con el tiempo hasta ser capaces de hacer
inspecciones independientes.