Obtener documento - Download document
Protestar es sin
duda mucho más civilizado que la primitiva acción violenta
terrorista o vengativa. Protestar es desahogar las frustraciones y
resentimientos por los padecimientos, propios o ajenos. Es empinarse para
gritarle en la cara --o en las rodillas-- al gigante que maltrata. Es crear
problemas, grandes, medianos o pequeños, a los malabaristas de turno en
el gobierno de la sociedad o al empresario que es abusador. Es tratar de al
menos sentirse un poco mejor cuando se cree que no se puede o no se sabe
resolver los problemas. Es un arma simple de las minorias.
Protestar es
intimidar amenazando al resto de la sociedad con posibles acciones más
dañinas si no concede lo que se cree justo.
Protestar es
también, muchas veces, un ejercicio demagógico con el que algunos
mantienen activos, esperanzados y contribuyendo, a sus manipulados. O peor:
puede ser crear y alimentar un objeto de negociación en las manos de
los mismos algunos, para tratar y sacar provechos personales del gigante que
maltrata, el gobernante malabarista o el empresario. Las protestas son,
o llegan a ser, para algunos --¿muchos?-- un buen
negocio.
El humanismo
demuestra que la sociedad, y sus problemas, son un asunto de todos; que
podemos encontrar formas de cooperación y respeto de todos por todos
(siempre con algunos violadores, naturalmente). Formas que podemos
establecer progresivamente. Cuando creemos en el ser humano y entendemos el
humanismo, estamos en posición privilegiada para estudiar nuestros
problemas y meditar profundamente sobre ellos. Sabemos --o sabemos
averiguar-- cómo se forma un niño para desarrollarle su potencial,
su autoestima, la estima al prójimo y sus capacidades para cooperar con
éste para su avance común en la vida. Sabemos --o podemos
encontrar-- las formas para organizarnos productivamente para ser todos
más ricos, y para cuidar unos de otros para estar más sanos,
sentirnos seguros y ser felices.
Estableciendo y
siempre expandiendo una red social de comprensión, colaboración y
disfrute mutuo, usando los conceptos humanistas, se pone en marcha un
proceso trascendental de mejoramiento personal y social, que empieza a dar
frutos inmediatamente y cuyos efectos se multiplican por día. (Ver
Programa de acción humanista.)
Además de ser
fuente de beneficios mutuos para los miembros de esa red social,
ésta es un formidable movimiento para promover cambios
políticos y legislativos para bien de toda la sociedad.
Razonando, explicando y convenciendo. Tratando de ganar a los oponentes
más que tratando de aplastarlos. Ganando votos para sus candidatos
humanistas, o para otros, si es que aparecen, que merezcan su confianza.
Mientras, si ningún candidato sirve, participando masivamente
en las elecciones para anular las boletas.
El movimiento
social que constituye esa red tiene la más completa atención y
respeto (e interés por su desarticulación, en algún caso) del
resto de las fuerzas sociales. Su simple solicitud, o desaprobación o
condena, de una decisión gubernamental, por ejemplo, produce efectos
mayores y más sólidos que cualquier protesta. Y, también, por
qué no, ese movimiento hace manifestaciones públicas. Sin odio,
sin violencia, sin destruir ni intimidar; con un claro espíritu
constructivo, con planteamientos inteligentes, realistas y convincentes.
Manifestaciones humanistas.