Sociedad civil para Cuba, aguzándonos

Colaboración de Ricardo E. Trelles

Diciembre de 1996

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Toda la sociedad es civil puesto que es, o debía ser, civilizada; si no, habría que usar la arcaica división social en los sectores civil, militar y eclesiástico. Pero siempre el gobierno es parte de la sociedad civil. Esgrimir un esquema en que se presente la "sociedad civil" como contraparte del "gobierno", aunque sea un intento estratégico, es irse por las ramas al enfrentar la tragedia de una sociedad sometida a un régimen tiránico. Como es el caso de Cuba.

Claro que Cuba tiene derecho a tener una sociedad civil; la que es imposible sin su principal componente, el gobierno civil: civilizado, legítimo, democrático. Todo pueblo tiene derecho a darse un gobierno legítimo. Derecho que no le es concedido por fuerza extraña alguna, sino por su propia voluntad de dárselo. Luego el problema cubano es cuestión de voluntad, de consciencia, de convicción de que somos capaces de echar nuestra nación adelante, en suficientes miembros de nuestra población. Sin esas voluntad, consciencia y convicción en el pueblo, no tendremos nunca una plena sociedad civil, menos una parcial –¡y enfrentada a la tiranía!

¿Somos capaces de, podemos, echar Cuba adelante? A esta pregunta le tenemos que buscar y encontrar respuesta, para empezar. Sólo cuando tengamos una respuesta segura, clara y convincente, en el verbo y en la acción de dirigentes seguros, claros y convincentes, se podrá extender esa confianza en nuestra población.

Tenemos un territorio, rico y extenso, que nadie nos disputa. No existen divisiones ni odios ancestrales en nuestra población. No estamos dominados por fanatismos religiosos ni de otro tipo. Somos de naturaleza sencilla, cordial, laboriosa, familiar, honesta, progresista, inteligente.

Sólo nos falta madurez social y política –porque somos una nación inexperta, con sólo cincuenta y seis años de juego social libre, hace casi cuarenta. Si optamos por seguir dejando sueltas las riendas de nuestra historia, Cuba tendrá que esperar por otras generaciones de más coraje intelectual, que la encaminen. Pero si nosotros, a quienes nos ha tocado enfrentar esta etapa crítica de nuestra nación, optamos por "aguzarnos" –como gustan decir los mejicanos–, nuestros hijos, y nosotros también, veríamos a Cuba salir adelante.

El proceso no sería de desear y esperar que nos agucemos (esa es la primera opción). Es de afinar y coordinar ideas quienes vamos convenciéndonos –de verdad– de que podemos echar Cuba adelante. Es de crear organizaciones sociales dentro y fuera de Cuba no gubernamentales y gubernamentales, como asociaciones de vecinos y hasta un parlamento con representantes legítimos de la población. Organizaciones todas de membresías amplias y crecientes. El régimen daría algunos zarpazos e intentaría estratagemas, pero iría quedando aislado, ridiculizado y en descomposición; al tiempo que nuestra sociedad civil se extendería, profundizaría y ganaría experiencia.

Los cubanos de hoy sí somos potencialmente capaces de llegar a edificarnos una plena sociedad civil. El primer paso sería que algunos comenzáramos, con la agudeza requerida, a trabajar efectivamente por ella.


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