Aprendamos de los hechos en Perú

Colaboración de Ricardo E. Trelles

Reflexiones sobre la toma y recaptura de la residencia del embajador japones en Perú

abril/97

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Hay mucho que aprender de la reciente toma de rehenes en Perú.

Vimos a un grupo de jóvenes llevados a la acción violenta terrorista por manipuladores azuzadores mediante el odio y el resentimiento. Con lo que además de perder sus vidas, han alimentado el mismo caudal de odio y resentimiento sociales que los perdió.

Vimos, del otro lado, a un gobierno dar las más burdas muestras de incapacidad ante situaciones de sólo mediana complejidad.

Comenzando por poner en bandeja de plata a los terroristas su acción contra un nutrido grupo de altísimas personalidades totalmente desprotegido. Permitiendo facilidades absurdas a los asaltantes, como el acceso libre a canales de información, en ambas direcciones, por radio y televisión. Como el acceso libre al techo de la mansión tomada.

Siendo incapaz de controlar, como era imprescindible, la actividad en el área circundante de la mansión. Con lo que hasta periodistas pudieron ir por decisión propia a hacerles visitas a los asaltantes. Con lo que soldados "irresponsables" incitaban a los asaltantes al ataque, con expresiones y señas groseras.

Y, finalmente, lo peor. Lo que aún no se ha hablado y que seguramente se hablará poco siempre: Todo parece indicar que al menos algunos de los catorce asaltantes fueron sumariamente ultimados en los 38 minutos de acción. Ninguno se rindió, ninguno quedó herido e inválido. A ninguno "se pudo" intentar salvarle la vida llevándolo a un hospital.

Un caso más en que la frustración producto de la incapacidad, y la insensibilidad humana, se desahogan con brutalidad asesina. ¿Cuánto demorará en entenderse que la brutalidad oficial, la que hacen en nombre de nosotros, los que nos consideramos civilizados dentro de la sociedad, ayuda a la promoción de la brutalidad asesina de los "senderos luminosos" y cogéneres?

Ha sido el mismo gobierno peruano que recientemente llevó a su ejercito a la guerra con su vecino Ecuador, al costo inútil de vidas humanas de ambas partes; con la "colaboración" del gobierno ecuatoriano, por cierto. Todo ¡para levantar el espíritu patriótico en época de elecciones! Guerra y muertes inútiles por un territorio que si su acceso es casi imposible, ¿cuáles son sus posibilidades de explotación? Para, luego de pasadas las elecciones, volver a la misma situación anterior en tal territorio.

Hay mucho que aprender de los sucesos en Perú.

Si más miembros de los medios de información masiva establecidos decidieran abandonar la superficialidad, y ser más que meras lasquitas sintéticas de jamón en los emparedados de publicidad, avanzaríamos más, como tanto necesitamos.


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