Frente a la dictadura de Batista, que torturaba y mataba a los
jóvenes arrastrados a la violencia, que usaba estrategas militares
de ferrocalilera incapacidad, Castro se despachó.
Frente a una sociedad incoherente, de partidos políticos de
discursitos, banditas armadas, pasquines y chambelonas, de vive y deja
vivir, Castro se despachó.
Frente a gobiernos norteamericanos que, como corresponde, atienden ante
todo sus intereses, y que nunca han encontrado una oposición a
Castro capaz y responsable que respaldar, éste se ha despachado y
se despacha.
Frente a aquellos opositores que lo han servido sistemáticamente en su
estrategia de crear odio y resentimientos entre los cubanos, matando
milicianos castristas y maestros adoctrinadores,
derribando aviones llenos de comunistas cubanos, promoviendo
revanchas de soga y cebo y períodos libres de ajustes de cuentas,
Castro se ha despachado y se despacha.
Frente a los promotores de la estrategia de la caldera de vapor, de
conseguir por los medios que sean que el pueblo en la Isla sufra
más, hasta que reviente, se rebele y algo pase, Castro se
ha despachado y se despacha.
Frente a los que se centran en la búsqueda de apoyos de gobiernos e
instituciones extranjeras, estando éstos ante la disyuntiva
realista de escoger entre Castro o un vacío de gobierno en Cuba,
éste se ha despachado y se despacha.
Frente a los que, ingenua o oportunistamente, creen que dada su
difícil situación Castro conversará con ellos y les
cederá algún terreno a cambio de... de que le hagan menos
oposición de la poca efectiva que le hacen, o de mejorar su
inmejorable imagen, frente a ellos también Castro se ha despachado
y se despacha.
Frente a los desesperados y corajudos opositores, disidentes y
asociados independientes internos, desprovistos de una visión
y estrategia política sólidas para el cambio y encauzamiento
sociales, inmersos en la gran masa popular cubana manipulada y
coaccionada por el régimen a su antojo, con tibios y
difíciles lazos de colaboración con la oposición
externa, frente a ellos también Castro se ha despachado y se
despacha.
Frente a quienes muerden el anzuelo del antagonismo social que
genera el régimen entre los cubanos en la Isla y los libres,
con esas manipulación y coacción de la masa popular,
desorientada e indefensa, para presentarla como simpatizante, Castro
también se despacha.
La conclusión es dura pero, debía ser, muy aleccionadora. La
principal razón de que Castro haya podido llegar a donde ha llegado y
haya hecho y haga tanto daño, es la incapacidad de nosotros, los
opositores de que ha disfrutado y disfruta.
Nos gusta leer la historia y admirar sus acciones y actores. Pero
para que la historia pueda ser leída ésta tiene que ser, en cada
tiempo, escrita. La historia de nuestras generaciones nos toca,
inevitablemente, escribirla a nosotros. Por acción u omisión. Bien o
mal. Y hay amplias pruebas de que lo estamos haciendo mal.
No estamos a la altura de los problemas que nos han
tocado.
El lector simplista y mediocre tiene la opción de ofenderse y
cambiar de tema. Otros no creemos que somos inferiores y sabemos que con
humildad y perseverancia, comunicándonos, meditando y confiando en
el intelecto ajeno, como he insistido antes, podemos generar y ejecutar
todas las soluciones para detener nuestra tragedia y echar nuestra Cuba
adelante.
Voy a atreverme a indicar cuál es el punto clave
de nuestras deficiencias como reformadores sociales: No hemos aprendido
todavía que hay razones de sobra para creer, real y
plenamente, en el individuo y para entender la sociedad
como un acuerdo de todos: con la participación de todos, para bien
de todos. Con esos principios y sus ricas implicaciones
prácticas, no hay sociedad, esté en la situación que
esté, que no se pueda sacar adelante.
Obsérvese que cuando se usa la violencia injustificada o vengativa
contra miembros de la sociedad, o cuando a éstos se les manipula o se
les azuza para la acción irracional, o cuando simplemente se les
ignora para supuestamente resolverle sus problemas o liberarlos
usando fuerzas extañas, se hace al individuo extraño y hasta
antagónico al funcionamiento de la sociedad. Lo que realmente
cambia y avanza la sociedad de forma segura y permanente es el
propiciamiento de la acción inteligente de la mayoría de sus
individuos en la solución de los problemas de aquella.
Habrá quienes que, por un tiempo más, seguirán en
busca de líderes e ideas que los ilusionen con soluciones simples y
rápidas. Sé que hay muchos otros próximos a ponerse
los pantalones largos intelectuales, en lo que a la sociedad y al problema
cubano se refiere. Para ambos escribo, a ambos les insisto, en ambos creo.