Jorge Mas es un enfermo más

Colaboración de Ricardo E. Trelles
Artículo publicado en el newsgroup soc.culture.cuba

3/octubre/97

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Es mi sincero deseo que el Sr. Jorge Mas Canosa tenga una pronta recuperación y pueda continuar desenvolviendo su vida y sus proyectos como antes. Debía haber grandes probabilidades de que estos deseos se cumplan, dados los avances que el hombre ha hecho en la medicina y dado que el Sr. Mas parece tener todas las posibilidades de costear la aplicación de estos avances a su persona.

Ahora bien, para nosotros como comunidad cubana exiliada, y como frente pro democracia en Cuba, el Sr. Mas es, estimo yo, un enfermo más, de los muchos que sentimos y nos preocupan. Incluso debían tener aún más nuestra atención los tantos otros de ellos que ni siquiera cuentan con el en nuestro medio imprescindible seguro médico para atenderse.

El Sr. Mas no es la figura central, ni la más importante, de la acción pro democracia en Cuba. Sería difícil determinar quién es esa figura más importante, porque, tristemente, es difícil encontrar alguna verdaderamente importante.

La FNCA, que encabeza el Sr. Mas, tiene y tendrá todo el derecho a existir como fuerza política cubana. Pero no perdamos la perspectiva. Como la conocemos hasta ahora, esta organización sólo nos ha demostrado, según mi apreciación, que está muy interesada en la caída de Castro, que ha gastado y gasta importantes sumas en ello, y que sus miembros rectores tienen gran capacidad para ganar dinero, particularmente en el medio norteamericano. De su valor y capacidad como fuerza política positiva para la Cuba futura, muy desafortunadamente, se conoce poco o nada.

De los miembros rectores de la FNCA se conoce poco o nada sobre cómo son sus relaciones con los obreros que emplean como fuerza de trabajo en sus compañías. Lo que sí se conoce es su habilidad para conseguir contratos importantes –hay que asumir que de formas legítimas y legales, según las normas norteamericanas– adjudicados por órganos gubernamentales.

Poco o nada de acciones suyas, empresariales u otras, para crear servicios de salud en nuestro medio que eviten las prácticas comercialistas que aquí priman –y que exprimen al pobre enfermo y al sano que no quiere serlo.

Ni de proyectos urbanizadores que proporcionaran viviendas con la durabilidad, estética y funcionabilidad compacta tradicionales cubanas. Que a un tiempo fueran un progreso contra el uso expansivo de terrenos, la dispersión poblacional que agrava la transportación diaria y el consumo de materiales perecederos. Con inclusión de ofertas económicas y con financiamiento ventajoso.

Ni de acciones para la creación en nuestras comunidades de medios de comunicación masiva modernos, serios y progresistas, que rompan con los usuales control y representación por tales medios de los poderes económicos y políticos establecidos.

Los anteriores son sólo algunos ejemplos básicos de acción positiva que demostrarían una proyección atractiva y convincente para nuestra futura Cuba.

Las transmisiones radiales de la FNCA hacia Cuba siguen la línea básica usual de las de su tipo, de que "el régimen es malo, ¡rebélense!", sin ninguna otra sustancia importante. Felizmente, la práctica de la Sra. Pérez Castellón, directora de estas tranmisiones, de hablar por teléfono muy frecuentemente, con variadas intenciones, con todo tipo de persona en Cuba, tiene que estar dándole una visión de la mentalidad y complejidad política de la población cubana. Tiene –o debía– estar aprendiendo que sólo de unos pocos, más desesperados o ingenuos, pueden esperar una acción significativa contra el regimen en Cuba, si no se desarrolla una confianza sólida en lo que tal cambio les traería. (Por cierto, el restablecimiento de las conexiones telefónicas que facilitan esas llamadas tuvo siempre gran oposición de la FNCA.)

Los cubanos residentes en los EEUU saben a quien culpar cuando hablan con sus familiares en Cuba sobre la ilegalidad y altos costos de enviarles dinero. Cuando el régimen usó la ola de balseros contra el gobierno norteamericano en el 94, éste decidió reducir la cuota trimestral permitida en los envios. La FNCA insistió entonces hasta que logró que la cuota fuera anulada totalmente. Qué diferencia habría si, por ejemplo, se gestionara en vez disposiciones norteamericanas dando todas las facilidades para envíos y viajes con la única exigencia de que el régimen obtuviera sólo ganancias nominales en estos servicios.

El punto fuerte de la FNCA en su acción contra el régimen es el desarrollo y uso de su influencia con un poderoso gobierno extranjero, para usarlo como punta de lanza. A menos que dé muy convincentes pruebas contrarias, habrá siempre que preguntarse si no continuará usando esa influencia cuando en la Cuba futura no le guste algo de nuestros gobiernos.

Me viene ahora a la mente el episodio publicitado por la FNCA del intento conspirativo del Sr. Mas de hablar por teléfono con el ministro castrista Lage en un viaje de éste al exterior, en el que el último simplemente colgó el teléfono. Lage debe haberse dicho: "¡Uf, qué bien hice en reportar esto al comandante y no quedarme meditando sobre esos contactos! ¡Me hubieran vendido!" Y la vez que organizaron programas por radio en los que el Sr. Mas exhortaba a las fuerzas armadas castristas a que no dejaran regresar a Castro a Cuba. Parece que sus relaciones con esas fuerzas no estaban (ni están) muy maduras aún.

La FNCA, como la conocemos hasta ahora, creo yo, no inspira confianza como fuerza política para un observador maduro.

El Sr. Mas ciertamente no es nuestro máximo líder, y quienes, sin ser íntimos suyos, han llegado a extremos de consternación en estos días por su lamentable enfermedad han dado muestras de muy poca visión política. Han, estimo yo, perdido la perspectiva.

No tenemos máximos lideres. Además, ni los necesitamos ni nos convienen. No para echar Cuba verdaderamente adelante.


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