Es mi sincero deseo que el Sr. Jorge Mas Canosa tenga una pronta
recuperación y pueda continuar desenvolviendo su vida y sus
proyectos como antes. Debía haber grandes probabilidades de que
estos deseos se cumplan, dados los avances que el hombre ha hecho en la
medicina y dado que el Sr. Mas parece tener todas las posibilidades de
costear la aplicación de estos avances a su persona.
Ahora bien, para nosotros como comunidad cubana exiliada, y como frente
pro democracia en Cuba, el Sr. Mas es, estimo yo, un enfermo más,
de los muchos que sentimos y nos preocupan. Incluso debían tener
aún más nuestra atención los tantos otros de ellos
que ni siquiera cuentan con el en nuestro medio imprescindible seguro
médico para atenderse.
El Sr. Mas no es la figura central, ni la más importante, de la
acción pro democracia en Cuba. Sería difícil
determinar quién es esa figura más importante, porque,
tristemente, es difícil encontrar alguna verdaderamente importante.
La FNCA, que encabeza el Sr. Mas, tiene y tendrá todo el derecho a
existir como fuerza política cubana. Pero no perdamos la
perspectiva. Como la conocemos hasta ahora, esta organización
sólo nos ha demostrado, según mi apreciación, que
está muy interesada en la caída de Castro, que ha
gastado y gasta importantes sumas en ello, y que sus miembros rectores
tienen gran capacidad para ganar dinero, particularmente en el medio
norteamericano. De su valor y capacidad como fuerza política
positiva para la Cuba futura, muy desafortunadamente, se conoce poco o
nada.
De los miembros rectores de la FNCA se conoce poco o nada sobre
cómo son sus relaciones con los obreros que emplean como fuerza de
trabajo en sus compañías. Lo que sí se conoce es su
habilidad para conseguir contratos importantes --hay que asumir que de
formas legítimas y legales, según las normas
norteamericanas-- adjudicados por órganos gubernamentales.
Poco o nada de acciones suyas, empresariales u otras, para crear servicios
de salud en nuestro medio que eviten las prácticas comercialistas
que aquí priman --y que exprimen al pobre enfermo y al sano que no
quiere serlo.
Ni de proyectos urbanizadores que proporcionaran viviendas con la
durabilidad, estética y funcionabilidad compacta
tradicionales cubanas. Que a un tiempo fueran un progreso contra el uso
expansivo de terrenos, la dispersión poblacional que agrava la
transportación diaria y el consumo de materiales perecederos. Con
inclusión de ofertas económicas y con financiamiento
ventajoso.
Ni de acciones para la creación en nuestras comunidades de medios
de comunicación masiva modernos, serios y progresistas, que rompan
con los usuales control y representación por tales medios de los
poderes económicos y políticos establecidos.
Los anteriores son sólo algunos ejemplos básicos de
acción positiva que demostrarían una proyección
atractiva y convincente para nuestra futura Cuba.
Las transmisiones radiales de la FNCA hacia Cuba siguen la línea
básica usual de las de su tipo, de que "el régimen es malo,
¡rebélense!", sin ninguna otra sustancia importante. Felizmente, la
práctica de la Sra. Pérez Castellón, directora de
estas tranmisiones, de hablar por teléfono muy frecuentemente, con
variadas intenciones, con todo tipo de persona en Cuba, tiene que estar
dándole una visión de la mentalidad y complejidad
política de la población cubana. Tiene --o debía--
estar aprendiendo que sólo de unos pocos, más desesperados o
ingenuos, pueden esperar una acción significativa contra el regimen
en Cuba, si no se desarrolla una confianza sólida en lo que
tal cambio les traería. (Por cierto, el restablecimiento
de las conexiones telefónicas que facilitan esas llamadas tuvo
siempre gran oposición de la FNCA.)
Los cubanos residentes en los EEUU saben a quien culpar cuando hablan con
sus familiares en Cuba sobre la ilegalidad y altos costos de enviarles
dinero. Cuando el régimen usó la ola de balseros contra el
gobierno norteamericano en el 94, éste decidió
reducir la cuota trimestral permitida en los envios. La
FNCA insistió entonces hasta que logró que la cuota fuera
anulada totalmente. Qué diferencia habría si, por ejemplo,
se gestionara en vez disposiciones norteamericanas dando todas las
facilidades para envíos y viajes con la única exigencia de
que el régimen obtuviera sólo ganancias nominales en estos
servicios.
El punto fuerte de la FNCA en su acción contra el régimen es
el desarrollo y uso de su influencia con un poderoso gobierno extranjero,
para usarlo como punta de lanza. A menos que dé muy convincentes
pruebas contrarias, habrá siempre que preguntarse si no
continuará usando esa influencia cuando en la Cuba futura no le
guste algo de nuestros gobiernos.
Me viene ahora a la mente el episodio publicitado por la FNCA del intento
conspirativo del Sr. Mas de hablar por teléfono con el ministro
castrista Lage en un viaje de éste al exterior, en el que el
último simplemente colgó el teléfono. Lage debe
haberse dicho: "¡Uf, qué bien hice en reportar esto al
comandante y no quedarme meditando sobre esos contactos! ¡Me
hubieran vendido!" Y la vez que organizaron programas por radio
en los que el Sr. Mas exhortaba a las fuerzas armadas castristas a que no
dejaran regresar a Castro a Cuba. Parece que sus relaciones con esas
fuerzas no estaban (ni están) muy maduras aún.
La FNCA, como la conocemos hasta ahora, creo yo, no inspira confianza como
fuerza política para un observador maduro.
El Sr. Mas ciertamente no es nuestro máximo líder,
y quienes, sin ser íntimos suyos, han llegado a extremos de
consternación en estos días por su lamentable enfermedad han
dado muestras de muy poca visión política. Han, estimo yo,
perdido la perspectiva.
No tenemos máximos lideres. Además, ni los
necesitamos ni nos convienen. No para echar Cuba
verdaderamente adelante.